Mente confusa
Cuando todo parece importante
Hay días, muchos, en los que no paras.
Empiezas una cosa, la dejas a medias, saltas a otra.
Tienes pestañas abiertas, conversaciones pendientes,
decisiones “para luego” que se cuelan
en el trabajo, en casa, en lo familiar.
Al final del día no sabes muy bien si has hecho mucho
o si simplemente has estado
en demasiados sitios a la vez.
No es cansancio exactamente.
Es otra cosa.
Es la sensación de tener la cabeza llena
sin un punto claro donde apoyarte.
CUANDO TODO TIRA A LA VEZ
En la mente confusa no hay un gran problema.
Hay muchos pequeños empujando al mismo tiempo.
Nada cae por su propio peso.
Nada se ordena solo.
Cada asunto reclama atención
y todos parecen hacerlo ahora.
Pensar no falta.
Lo que falta es un centro desde el que hacerlo.
EL RUIDO INTERIOR
Se suele señalar el entorno:
el ritmo, las obligaciones, lo que llega de fuera.
Pero muchas veces el ruido más constante
no viene del exterior.
Aparece dentro,
como un murmullo continuo.
Ideas que se pisan.
Pensamientos que no terminan de asentarse.
Una sensación de estar siempre repartido.
No es un ruido fuerte.
Es persistente.
CÓMO SE VIVE POR DENTRO
La mente confusa no siempre se presenta como pensamiento.
Se vive como tirantez.
Como si la atención estuviera demasiado extendida.
Como si no hubiera un lugar donde reunirse.
No hay colapso.
La energía sigue ahí.
Lo que hay es dispersión.
Y eso también se siente en el cuerpo.
CAPACIDAD HAY, DIRECCIÓN NO
Cuando esta sensación se alarga, aparece la duda.
La sospecha de estar fallando en algo.
Pero aquí no hay torpeza.
Ni falta de preparación.
Ni carencia de recursos.
Hay energía sin norte.
Y sostener eso durante mucho tiempo
gasta por dentro.
ANTES DE ACLARAR
Ante la confusión surge el impulso de ordenar.
Cerrar asuntos.
Tomar decisiones.
Sin embargo, la confusión rara vez se resuelve a base de empuje.
Primero necesita que no todo reclame atención a la vez.
Un poco menos de presión interna.
Un poco más de espacio.
Cuando la exigencia afloja,
la atención empieza a reagruparse.
UN GESTO SIMPLE
No hace falta resolver nada ahora.
Tampoco decidir.
Basta con reconocer algo muy concreto:
hay demasiadas cosas dentro pidiendo a la vez.
Cuando eso se admite,
la tensión cambia.
No aparece aún la claridad.
Aparece algo previo:
una sensación de suelo.
MENTE CANSADA Y MENTE CONFUSA
A veces se confunden.
No son lo mismo.
La mente cansada tiene dirección,
pero va sin fuerzas.
La mente confusa tiene fuerzas,
pero va sin centro.
Descansar repara una mente cansada.
No siempre orienta una mente confusa.
CIERRE
Hay momentos en los que no hace falta decidir nada.
Hace falta dejar de estar en todas partes a la vez.
Cuando la atención deja de repartirse tanto,
algo dentro empieza a reunirse.
No llega una respuesta inmediata.
Llega algo más básico:
la sensación de estar más entero.
Desde ahí,
pensar vuelve a tener sentido.
Y elegir, también.
Cuando ese cierre no llega,
no siempre es confusión ni cansancio.
A veces es algo que dentro no termina de asentir.
Ahí aparecen los problemas para decidir.