No estás fallando,
estás en transición
Cuando la vida cambia
y no encaja como antes
Hay momentos en los que nada parece funcionar como antes.
Decisiones que antes eran claras se vuelven pesadas.
El cuerpo avisa sin causa evidente.
La motivación fluctúa.
Y la conclusión aparece casi sola:
algo estoy haciendo mal.
Pero no siempre es un fallo.
A veces es una etapa que se está cerrando.
Una transición no siempre es visible desde fuera.
Por eso se confunde con debilidad,
con falta de carácter,
con pérdida de rumbo.
Sin embargo, muchas transiciones no piden corrección.
Piden integración.
No estás fallando cuando te cuestionas.
No estás fallando cuando algo deja de motivarte.
No estás fallando cuando el cuerpo ya no sostiene lo mismo.
Estás atravesando un ajuste vital.
Cuando esto se entiende,
la presión baja.
No desaparece la incertidumbre.
Pero deja de sentirse como defecto personal.
Desde ahí se vuelve posible sostener la etapa
sin huir,
sin anestesiar,
sin convertirla en identidad,
como hemos desarrollado a lo largo de este marco de acompañamiento adulto.
Las transiciones no son fallos en el sistema.
Son parte del crecimiento estructural de una vida.
Y atravesarlas con presencia
es una forma de madurez,
no una señal de error.

Crisis corporal a los 40: cuando el cuerpo ya no sostiene igual

Presencia en etapas difíciles

Escrito por Jesús Ledesma
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