tensión corporal sostenida durante una etapa de cambio vital

La tensión crónica
en etapas de cambio


Cuando el cuerpo sostiene
durante más tiempo del que debería

No toda tensión aparece de golpe.

Hay tensiones que se instalan despacio.
Sin aviso claro.
Sin un momento concreto.

Se vuelven parte del fondo.

En muchas etapas de cambio, el cuerpo empieza ajustándose.

Reduce el ritmo.
Pide pausa.
Marca límites.

Pero cuando la transición se alarga,
y no termina de cerrarse ninguna etapa,
el cuerpo no puede soltar del todo.

Entonces aparece la tensión crónica.

No como una alarma intensa,
sino como una contracción sostenida.

Espalda cargada.
Mandíbula apretada.
Respiración contenida.

No porque haya un peligro inmediato,
sino porque el sistema sigue en espera.

La mente suele interpretar esta tensión como un problema aislado.
Algo que hay que corregir.

Pero muchas veces es la continuación de un proceso ya iniciado,
como ocurre cuando una transición no termina de atravesarse.

El cuerpo sigue sosteniendo
porque todavía no hay un nuevo equilibrio al que entregarse.

Mientras tanto, la tensión cumple una función:
mantener todo en pie.

Hasta que el proceso encuentra salida,
el cuerpo no puede relajarse de verdad.

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