vergüenza silenciosa en la vida adulta sin expresión visible

La vergüenza silenciosa
en la edad adulta


No siempre se siente,
pero muchas veces decide

No enrojece.
No paraliza.
No pide disculpas.

Funciona de otra manera.

Hace que te retires un poco.
Que no digas algo.
Que te guardes una parte.

No aparece de golpe.
Se instala.

Después de un desborde,
o de mostrar algo que no encaja con la imagen que sostienes,
la vergüenza no grita.

Organiza.

Te dice qué no volver a enseñar.
Qué emoción es mejor tapar.
Qué reacción conviene esconder.

No porque esté mal sentirla,
sino porque el adulto ha aprendido a proteger su lugar.

En ese sentido,
la vergüenza no es una emoción puntual.

Es un regulador silencioso del comportamiento.

Muchas veces aparece después de momentos
en los que una emoción se ha mostrado más de lo esperado,
como ocurre cuando algo se desborda sin encajar.

Desde ahí,
la tendencia suele ser no volver a pasar por lo mismo.

No se trata de huir todavía.
Eso viene después.

Primero viene el repliegue.

Un ajuste interno
para que nada vuelva a sobresalir.

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