Cuando una emoción
desborda al adulto
No es la intensidad de la emoción,
es lo que lleva acumulado
No pasa nada grave.
No hay una gran escena.
Ni un motivo proporcional.
Y aun así,
algo se sale de sitio.
Una palabra.
Un gesto.
Un detalle mínimo.
Y la reacción es mayor de lo esperado.
Eso desconcierta,
porque no encaja con la imagen que tienes de ti.
No es falta de control.
Es exceso de carga.
Durante mucho tiempo,
ciertas emociones no han tenido espacio.
No porque no existieran,
sino porque no parecían oportunas,
como ya ocurre cuando algunas emociones se descartan para poder funcionar.
Cuando se sostienen demasiado tiempo,
no se expresan de forma gradual.
Emergen de golpe.
La emoción que aparece puede parecer pequeña.
Pero no viene sola.
Arrastra lo que llevaba tiempo esperando.
Por eso el desborde sorprende.
No habla de debilidad.
Habla de acumulación.
Después del desborde,
suele aparecer otra cosa:
retirada, juicio o silencio.
Ahí empieza un movimiento distinto,
que tiene más que ver con cómo el adulto se protege cuando algo se muestra.

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