Por qué huyes
de lo que sientes
aunque quieras cambiar
No siempre se huye por miedo,
a veces se huye para seguir funcionando
No es que no sepas lo que te pasa.
Lo sabes.
Lo notas.
Lo intuyes.
Y aun así,
no te quedas ahí.
Te ocupas.
Te distraes.
Lo entiendes demasiado rápido.
No porque no quieras sentir,
sino porque sentir ahora mismo
no parece una opción viable.
Hay responsabilidades.
Hay decisiones pendientes.
Hay gente contando contigo.
Entonces el sistema hace algo muy concreto:
se mueve.
No se queda en la experiencia interna.
Busca salida.
A veces esa salida es actividad.
Otras es análisis.
Otras es calma impostada.
No es incoherencia.
Es estrategia.
Una forma adulta de proteger la continuidad
cuando algo dentro empieza a removerse,
como ya ocurre después de retirarse para no exponerse.
El problema no es huir.
El problema es no saber que lo estás haciendo.
Porque cuando la huida se vuelve habitual,
lo que queda pendiente no desaparece.
Solo espera otro momento.
Y cuando no hay tiempo para evitar,
la respuesta ya no se elige,
simplemente aparece,
como sucede cuando reaccionas sin entenderte ni controlarte.

Escrito por Jesús Ledesma
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