Cuando el cuerpo avisa
y sigues tirando como siempre
Las señales aparecen antes de que algo se rompa
Sigues con tu ritmo.
Cumples. Llegas. Respondes.
Y el cuerpo va quedándose atrás.
Al principio el aviso es leve:
una molestia, un cansancio raro, algo que notas… y sigues.
Porque puedes.
Porque siempre has podido.
Porque ahora no toca parar.
Estamos entrenados para seguir tirando.
Normalizamos dormir mal, ir tensos, vivir acelerados, no sentir demasiado.
Hasta que el aviso deja de ser discreto.
El cuerpo no avisa para molestar.
Avisa cuando seguir igual empieza a tener coste.
Y suele hacerlo cuando por fuera todo parece bajo control.
Ahí es donde más fácil resulta ignorarlo.
Seguir tirando no siempre es fortaleza.
A veces es desconexión aprendida.
Escuchar el cuerpo no implica parar la vida.
Implica dejar de pasar por encima de algo que lleva tiempo pidiendo sitio.
Y cuanto antes se atiende esa señal,
menos tiene que subir el volumen después.
Cuando este aviso se mantiene, suele vivirse como una tensión corporal constante.
Aprender a escuchar el cuerpo sin forzarlo cambia la relación con estas señales.

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