Vivir con el cuerpo en tensión
sin que haya peligro real
La tensión no siempre es nerviosismo,
a veces es sostén prolongado
No hay urgencias.
No hay amenazas claras.
Y aun así, el cuerpo no se relaja.
Hombros altos.
Mandíbula marcada.
Respiración corta.
Un estado de alerta constante que no se apaga.
Eso suele generar culpa y confusión:
“Si todo está bien, ¿por qué estoy así?”
Pero un cuerpo tenso no es un cuerpo exagerado.
Es un cuerpo que lleva demasiado tiempo soportando.
Sosteniendo responsabilidades.
Expectativas.
Decisiones que no se revisan.
Presión constante sin descarga.
El cuerpo no distingue entre peligro real y exigencia sostenida.
Responde igual.
Por eso la tensión aparece incluso en momentos de calma aparente.
No se trata de relajarse a la fuerza.
Ni de convencer al cuerpo de que “no pasa nada”.
Se trata de reconocer que esa tensión tiene sentido,
aunque todavía no sepas bien de dónde viene.
Cuando el cuerpo deja de tener que protegerte de todo a la vez,
la tensión empieza a soltarse de forma natural.
No porque la fuerces,
sino porque ya no es necesaria.
En muchos casos, esta tensión está relacionada con una ansiedad que no es mental.
También conecta con formas de estrés que se expresan en el cuerpo.

Escrito por Jesús Ledesma
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