El uso defensivo del mindfulness
No toda calma es integración
Permite observar.
Respirar.
Tomar distancia.
En muchos momentos, eso es necesario.
Pero hay ocasiones en las que la práctica
empieza a usarse para no entrar en algo.
No de forma consciente.
Ni intencionada.
Simplemente ocurre.
Se observa sin tocar.
Se acepta sin atravesar.
Se calma sin integrar.
Por fuera parece serenidad.
Por dentro, algo queda intacto.
El mindfulness no falla cuando eso pasa.
Lo que falla es el uso que se hace de él.
A veces se practica para no sentir demasiado.
Para no incomodarse.
Para no mover lo que duele.
En esos casos, la atención plena
se convierte en una forma sutil de evitación.
Algo parecido ocurre cuando se habla mucho pero nada termina de asentarse.
O cuando se entiende lo que pasa
pero, como ya vimos, eso no produce un cambio real.
La práctica sigue siendo válida.
Pero necesita otro lugar.
Cuando el mindfulness acompaña en lugar de proteger,
deja de ser evasión
y vuelve a ser contacto.

Mente cansada: no es flojera, es agotamiento sostenido

Bajar la ansiedad sin resistirse a ella

Escrito por Jesús Ledesma
Más de Mente
Sigue el viaje por este pilar.

Vida adulta consciente
Una vida adulta consciente no elimina la incertidumbre. Cambia la relación con ella y…

Propósito vs presencia
En transiciones vitales, buscar propósito suele aumentar la presión. La presencia permite orientarse sin…

Cuando el sentido aparece solo
El sentido no aparece como respuesta total, sino como orientación suave cuando la urgencia…