Pensar demasiado:
cuando la cabeza no para
Intentar aclararlo todo desde la cabeza
no siempre ayuda
Hay momentos en los que la cabeza no se calla.
Piensas al despertar.
Piensas durante el día.
Y cuando paras, sigues pensando.
No porque quieras darle vueltas,
sino porque algo dentro no se ordena.
Entonces haces lo lógico.
Intentas pensar más.
Revisas opciones.
Anticipas escenarios.
Buscas la decisión correcta.
Durante un tiempo parece que ayuda.
Da sensación de control.
Pero llega un punto en el que pensar más
no aclara nada.
Solo cansa.
La cabeza sigue funcionando,
pero pierde capacidad de cerrar.
No es falta de inteligencia.
Ni de voluntad.
Es intentar resolver desde un lugar
que ya está saturado.
Cuando la mente no descansa,
el pensamiento deja de ser una herramienta
y se convierte en carga.
Ese esfuerzo prolongado suele terminar en agotamiento mental.
Y cuando la cabeza sigue empujando sin suelo,
lo que aparece no es claridad,
sino sensación de confusión.

Escrito por Jesús Ledesma
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