Vivir sin anestesia emocional
Cuando dejar de tapar
duele menos que seguir huyendo
Anestesiar no siempre significa no sentir.
A veces significa sentir por encima,
distraerse lo justo,
seguir funcionando sin tocar fondo.
La anestesia emocional adopta muchas formas:
ruido constante,
actividad sin pausa,
explicaciones rápidas,
búsqueda inmediata de alivio.
No es un fallo personal.
Es una respuesta aprendida.
El problema aparece cuando anestesiarse
se convierte en la única forma de atravesar lo difícil.
Ahí la vida sigue,
pero algo queda desconectado.
Vivir sin anestesia emocional
no implica exponerse al dolor sin límite.
Implica dejar de taparlo automáticamente
cuando aparece.
Eso solo es posible
si hay una presencia suficiente
para sostener lo que se siente,
como ocurre cuando no te abandonas en medio de una etapa compleja.
Sin anestesia,
las emociones no se vuelven más grandes.
Se vuelven más claras.
No arrasan.
Informan.
Y cuando ya no se vive huyendo de lo que duele,
algo empieza a reorganizarse solo.
No como propósito inmediato,
sino como sentido que aparece sin buscarlo,
tal como veremos al hablar de lo que ocurre cuando dejas de perseguir sentido.

Escrito por Jesús Ledesma
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