El sentido no se busca
Aparece cuando dejas de forzarlo
En los momentos de transición,
buscar sentido suele empeorar las cosas.
No porque el sentido no exista,
sino porque todavía no está disponible.
Buscar sentido cuando una etapa se está cerrando
es pedir respuestas a un lugar que aún no ha terminado de caer.
Por eso la búsqueda agota.
Más reflexión.
Más preguntas.
Más vueltas.
Y menos claridad.
El sentido no se fabrica.
No se decide.
No se encuentra por insistencia.
Surge cuando el cuerpo deja de estar en alerta,
cuando la experiencia deja de ser evitada,
cuando ya no hace falta anestesiar lo que duele,
como ocurre al dejar de tapar automáticamente el malestar.
En una transición bien habitada,
el sentido no llega como respuesta,
sino como dirección suave.
No aclara todo.
No resuelve el futuro.
Pero permite dar el siguiente paso
sin empujarse.
Por eso, más que buscar sentido,
lo que suele ayudar es dejar espacio
para que aparezca solo,
como veremos en lo que ocurre cuando no se le persigue.
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