No necesitas arreglarte
Cuando el problema no es un fallo,
sino una etapa
La idea de que hay que arreglarse
aparece cuando algo no encaja.
Cuando el cuerpo avisa.
Cuando la cabeza no ordena.
Cuando la vida no responde como antes.
Enseguida surge la conclusión:
algo está mal en mí.
Pero muchas veces no hay nada roto.
Hay una transición en marcha.
Intentar arreglarse en medio de una transición
suele aumentar la presión.
Más trabajo interior.
Más exigencia.
Más prisa por cerrar lo que aún está abierto.
No necesitas convertirte en otro
para atravesar lo que te está tocando vivir.
Necesitas sostenerlo sin atacarte.
Eso no significa quedarte pasivo.
Significa dejar de tratar la dificultad
como un defecto personal.
Cuando se suelta la idea de arreglo,
algo importante ocurre:
la energía deja de gastarse en pelear contigo
y empieza a estar disponible para vivir la etapa.
Desde ahí es posible permanecer en lo difícil
sin anestesiarlo,
como sucede cuando una crisis se habita sin forzar soluciones.
No arreglarse no es rendirse.
Es dejar de atacarse cuando la vida cambia.
Y desde ese lugar,
la presencia empieza a ser posible
incluso en momentos duros,
como veremos al hablar de estar presente cuando no apetece.

Escrito por Jesús Ledesma
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