Decidir se vuelve difícil
en ciertos momentos
No siempre es falta de claridad,
a veces es falta de suelo
Hay momentos en los que decidir se vuelve pesado.
No porque no sepas pensar.
Ni porque no tengas opciones.
Si no porque ninguna termina de asentir por dentro.
Se piensa.
Se valora.
Se comparan escenarios.
Y aun así, nada termina de cerrarse.
Eso suele vivirse como bloqueo.
Como si algo estuviera fallando.
Pero muchas veces no es un problema de decisión,
si no de momento vital.
Cuando el cuerpo está en alerta,
la mente cansada
y el control activo,
decidir se vuelve una carga.
No porque falte capacidad,
si no más bien por falta de apoyo interno.
En ese estado, cualquier elección pesa.
Y no elegir parece más seguro que elegir mal.
Forzar una decisión en ese punto
suele aumentar la ansiedad
y el desgaste.
Antes de decidir,
muchas personas intentan controlar más
o pensar mejor.
Eso suele activar la necesidad de control
y alimentar el pensamiento constante.
No siempre toca decidir.
A veces toca recuperar suelo.
Cuando esa base aparece,
la decisión suele llegar sola,
sin empujarla.

Escrito por Jesús Ledesma
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